
Cada año en la localidad de La Guardia, en Toledo, se celebran las fiestas patronales en honor al “Santo Niño de La Guardia”, cuya imagen se traslada en procesión desde la Ermita de estilo renacentista, una nave rectangular con la capilla mayor en el cabecero separada por un arco central, hasta la Iglesia Parroquial, acompañada con solemnidad por la Banda Municipal de Música. A este santo, que el Papa Pío VII canonizaría como San Crístofer, aunque ni siquiera fuera conocido su nombre real, se le atribuyeron milagros y prodigios de todo tipo como bien puede leerse en los numerosos rótulos que se exhiben en el mismo santuario erigido en esta población, que tomó al supuesto mártir como patrón al poco de su muerte, y digo supuesto porque su culto no es más que un libelo antisemita que tiene su origen en la política que llevaron a cabo los Reyes Católicos al promulgar la expulsión masiva de judíos y musulmanes del territorio nacional en 1492. Poco antes de que se impusiera aquel decreto tuvo lugar un auto de fe celebrado en Ávila por el Santo Oficio, el Tribunal Inquisitorial impulsado por los mismos monarcas ya en preámbulo del proceso del extrañamiento, que concluyó con la condena a muerte en la hoguera de dos judíos y tres conversos por su presunta implicación en el asesinato de este niño en la población de La Guardia. Confluirían en el mismo contexto histórico diversos factores para que finalmente la población entendiera que el epicentro de todos los problemas que acechaban a la sociedad de la época estaba en el ánimo de los judíos y muchos aprovecharon la coyuntura, con la única intención de hacerse con sus posesiones, fomentando el odio entre la masa iletrada para encauzar el camino más rápido: su destierro de la península. En otros escenarios ya se había ido introduciendo aquel murmurio con el firme propósito de demonizar a los judíos, y de hecho existía un luengo prontuario de crímenes que se les imputaron, como las crucifixiones de niños que por lo visto tuvieron lugar en Zaragoza y otras circunscripciones de aquella España violenta y cerril. En La Guardia se dijo, y lo peor es que todavía hoy muchos reiteran la aserción sin ruborizarse, que después de presenciar cómo varios judíos ardían en la hoguera acusados de herejía por la Inquisición, surgió entre aquella gente el proyecto perverso de vengarse de los cristianos que a tales extremos habían llegado con los suyos. De entre ellos, un grupo se reunió con un tal Benito de las Mesuras dando por hecho que eran ciertos los conocimientos en la nebulosa disciplina de la hechicería que se le suponían, y este les contó que de la incineración del corazón de un niño cristiano y una hostia consagrada podían obtenerse unas cenizas que envenenarían las aguas de los pozos si se vertían en su interior causando un daño irreparable para todos los cristianos. Otro judío llamado Yuçe Franco se hizo cargo del secuestro de un niño que se llevó por la fuerza desde la Puerta del Perdón de la Catedral de Toledo hasta Quintanar de la Orden, donde aguardaban sus compinches para trasladarlo a la Hoz de La Guardia, dehesa próxima a la ribera del Algodor, donde fue encerrado y maltratado. Así permanecieron ocultos en una de las cuevas que se abrían en el accidentado terreno del término hasta la noche del Viernes Santo de 1489. En la sentencia inquisitorial condenatoria de Yuçé Franco se describía que los acusados, habiendo extendido los brazos y piernas del niño en dos maderos dispuestos a modo de cruz, procedieron a azotarle, que le escupieron y le golpearon y que le colocaron una corona de hierbas espinosas en la cabeza antes de extraer toda la sangre que contenía su cuerpo. Por último le sacaron el corazón y lo mezclaron con la sangre y con una hostia consagrada con el fin de llevar a efecto el acto de brujería que debía provocar una epidemia en toda la comarca.
Fue este uno de los ejemplos más tremendos de lo que significó el abuso de la Inquisición española. A Benito de las Mesuras, detenido en Astorga, se le acusó de haber cometido aquel crimen que acabó confesando a sus torturadores delatando de paso a Yuçe Franco y a los demás enjuiciados, que acabaron en la cárcel de Segovia. Después de un largo proceso acabó celebrándose en noviembre de 1491 un auto de fe en Ávila y todos los acusados en el proceso fueron ejecutados. Las declaraciones y confesiones estaban llenas de incoherencias y contradicciones, pero fueron suficientes para que el pueblo se convenciera de que aquella gente no podía traerles nada bueno. Lo peor de este asunto es que, como he dicho, todavía hoy existe quien cree a pies juntillas en que estas eran prácticas afines a los judíos. Para demostrar que esto es cierto, transcribo a continuación las declaraciones que le arrancó en plena calle a un vecino de La Guardia un entrevistador para un documental que puede verse íntegramente en la siguiente dirección: http://video.google.com/videoplay?docid=4753063850384948385&hl=es
-Cuénteme cómo es la historia esa del Santo Niño, porque he oído versiones diferentes y... Lo que usted sabe.
-Lo que yo sé es lo que sabemos todos aquí
-¿Si? A ver... ¿Cuál es la...?
-Pues los judíos lo estaban pasando mal y hicieron el típico rito de los judíos de coger un niño, sacarle el corazón, mezclarlo con una hostia consagrada, echarlo a fuentes y así los cristianos se envenenaban. Y entonces pues hicieron eso. Se fueron a Toledo y en la puerta de la Catedral había un niño que, su madre era ciega, y entonces pues lo engañaron con unas golosinas. Un judío de La Guardia fue a Toledo y entonces lo engañó, lo metió en su carro y se lo trajo para La Guardia y entonces estuvo detenido ahí -refiriéndose a lo que había sido una sinagoga-. Ahí estuvo pues unos días, o unas semanas. No sé cuánto tiempo. Hasta que llegó el momento de cogerle y de darle el mismo martirio que se le dio a Jesucristo. Le hicieron todas las cosas que se le habían hecho a Jesucristo. Repitió la Pasión paso a paso. Y esa es la historia que conocemos.
-Si. Pero en general usted... ¿La gente cree que es uso, que es ritual de los judíos tomar un niño, quitarle...?
-Nosotros no lo sabemos, pero...
-Pero así lo cree el pueblo.
-No lo cree... Si. Lo cree. El pueblo lo cree seguro. Además aquí hay mucha gente... La mayoría de la gente no tiene fe en la religión cristiana.
-¿No?
-Aquí se tiene fe en el Santo Niño (...) Pero eso es una cosa típica judía.- Añade este vecino.
-¿Qué? ¿Envenenar?
-No es La Guardia. Es que ha ocurrido en muchos sitios. Sobre todo en Centro Europa ha ocurrido eso con cierta frecuencia.
-¿No podría ser esto un invento, una acusación que no tiene base?
-Puede ser. ¿Usted conoce a Kafka, Franz Kafka?
-Si, claro.
-Pues Franz Kafka es judío, y en uno de sus escritos dice y comenta que a ver si de una vez por todas el pueblo judío abandona esos rituales estúpidos... Por ejemplo uno de ellos dice: coger un niño cristiano, darle...
-¿Usted quiere ganar mil pesos?- Interviene por fin el entrevistador harto de escuchar las burradas del contertulio.- ¡Tráigame este libro con esta cita!
Que cada cual interprete el dato como considere adecuado, pero llegados a este extremo uno no puede dejar de preguntarse qué cosa es la que han aprendido muchos a lo largo de estos últimos cinco siglos, que no son pocos para reflexionar.
j.m.m.Albiol

Vaya...
Ei pegame un toque!!! que asi podremos quedar!
:D