La Coctelera

j.m.m.Albiol

21 Septiembre 2008

Urantia, la Tierra y viceversa.

La quinta revelación de los tiempos, una compilación de datos de origen sobrehumano, un libro revelado de origen divino... De este modo no poco suntuoso se presentaba un denso mamotreto que llevaba por título “El Libro de Urantia” cuya publicación generó, entre otras muchas incógnitas, la de quién o quiénes habían configurado su contenido.

De las 2097 páginas que lo componen, divididas en cuatro partes, la más interesante corresponde sin duda a la última, la que relata la vida y enseñanzas de Jesús y el relato incluido en la tercera parte, que se aventura a explicar la historia geofísica de nuestro planeta, aquí llamado Urantia: cómo surgió dentro de un sistema solar alucinante que contenía buena parte de la cosmología planteada en el mismo libro.

El Libro de Urantia permaneció a resguardo en una caja fuerte de Chicago después de haber sido revelado, supuestamente, por ciertas personalidades no humanas de origen sobrenatural. Cuando en el año 1955 salió por fin a la luz sin que nadie hasta entonces hubiera tenido la ocasión de leerlo, sorprendió por encima de su contenido su excelente redacción a nivel gramatical y ortográfico, y es que en ninguna de sus 2097 páginas había un sólo error.

Cuando al fin se consideró su publicación se tuvo especial cuidado en que su concepción no fuera vinculada a ningún grupo humano, aunque luego se supo que en efecto lo hubo y que al menos estuvo formado por unos doce individuos cuya identidad, a pesar de que alguno de sus nombres acabaría trascendiendo, nunca fue manifestada. Se dijo entonces que en verdad habían sido cuarenta y ocho las entidades no humanas que habían mostrado a los otros el texto y que su principal propósito había sido el de demostrar su procedencia extraterrestre y que su revelación no tenía nada que ver con ningún otro libro religioso adjudicándose así un crédito que no era cosa baladí.

El libro contiene una explicación general del universo, de su composición, dirigida a nosotros, los habitantes de Urantia, porque ese es el nombre que en su densa terminología se da a la Tierra, dividida en cuatro partes bien diferentes:

  • El universo central y los superuniversos, donde se explica que no estamos solos en medio de la inmensidad porque el universo está atestado de planetas habitados por otras formas de vida, algunas en pleno proceso evolutivo, otras en diferentes etapas de su desarrollo y las menos, claramente superiores, dotadas de una personalidad definida como espiritual.

  • El Universo local cuenta que la evolución de los seres humanos en la Tierra no habría sido producto de un accidente, del natural proceso evolutivo, sino de un evento planeado por esas mismas entidades superiores.

  • La historia de Urantia, breve relato de la historia del planeta donde se describe su desarrollo desde la perspectiva de los observadores sobrehumanos.

  • La vida y las enseñanzas de Jesús, extensa biografía apócrifa, de unas setecientas páginas, que pretende ir más allá de donde llegan los primeros treinta años de su vida, los que precedieron a su ministerio en la Tierra, es decir, en Urantia.

Literalmente el Libro de Urantia cuenta como “los Adanitas, Adán mismo y Eva entre ellos, habrían llegado a Urantia cerca de 38000 años atrás, “cuando el jardín estaba en plena flor”, posando suavemente sobre la superficie del planeta sus naves, “transportes seráficos”, en las inmediaciones del Templo del Padre Universal. La sangre de los Adanitas empezó a mezclarse con la de la mayoría de las razas humanas, siempre unas en mayor proporción que otras porque, entre otras cosas, las razas más oscuras de la India y de África no les eran atractivas a los Adanitas, y si bien el hombre rojo de las Américas y el amarillo, oriundo de Asia, reunían las condiciones que consideraban adecuadas, debieron caerles demasiado lejos del lugar en donde habían aterrizado, por lo que optaron por la unión con las razas azules de Europa. Lentamente estos hijos migratorios del Edén se unieron con los tipos más altos de la raza azul vigorizando las prácticas culturales de estos mientras que exterminaban al mismo tiempo sin compasión los restos de las cepas de la raza Neardental. Esta técnica de mezcla de razas combinada con la eliminación de las cepas inferiores, y al tanto aquí con la terminología empleada, produjo una docena o más de grupos de hombres azules superiores, uno de los cuales se denominaría, milenios después, de Cromagnón, que constituiría los cimientos biológicos de las razas europeas modernas, las razas blancas de Europa”

La Fundación Urantia, con sede en Chicago, Illinois, se dedica hoy día a la conservación y difusión de esta antología que como libro revelado surgió, según ellos, de manera inexplicable a través de ciertas personalidades sobrehumanas cuyos nombres aparecen en diferentes partes del mismo libro o por la mediación, sospecho yo, de un grupo de hombres que, en la década de los treinta se sintieron inspirados por Dios para luego permanecer en el anonimato.

Su objetivo, a priori, no parece ser el de constituir unan nueva religión como si es el caso de otros tantos libros revelados, aunque es más que probable que con el tiempo todo se ande, pues su finalidad, idéntica a la de otras muchas religiones de la historia de la humanidad consistiría en reinterpretar las ideas referentes a la existencia de un ente superior pero haciendo una clasificación de las razas en función de su pureza y abjurando del origen judío de las mismas religiones que, se quiera o no, inspiran la obra, lo que en cualquier caso haría sospechar de las verdaderas intenciones de tan enigmática obra.

j.m.m.Albiol

Tags: urantia

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