¿Los niños verdes?

Al final de un artículo publicado en este mismo blog con el título de “Banyoles y las Criaturas del Lago” hacía referencia a un extraño caso acaecido presuntamente en esta localidad: la aparición de dos niños de piel verde y rugosa , de idioma y procedencia totalmente desconocidos. Por entonces poco más fue lo que pude averiguar al respecto, pero hurgando con paciencia en la materia pude al fin constatar que se trataba de la deformación de una leyenda urbana copiada a su vez de una narración que había sido escrita con anterioridad.
En la segunda versión, la que situaba esta eventualidad en España, se aseveraba que los extraños críos habían aparecido en una localidad llamada Banjos, pero he aquí el problema, pues no existe ni ha existido jamás una localidad con ese nombre en todo el territorio nacional. Precisamente por esa razón quienes más interesados estaban en dar crédito a aquella historia buscaron, al caer en la cuenta de que el lugar en donde se suponía que había sucedido ni siquiera existía, una alternativa que fonéticamente resultara similar para así fundamentar su teoría en una mutación etimológica.
Jacques Bergier, pionero de la literatura asociada a lo paranormal y cazador, entre otras muchas ocupaciones, de criminales nazis tras su estancia en Neve Bremme y Mauthausen, hacía la siguiente referencia a este caso en su libro “Los Extraterrestres en la Historia”:
Una tarde de Agosto de 1887, cerca de la población de Banjos, en España, unos trabajadores del campo vieron salir de una gruta a dos muchachos, un chico y una chica cuyos vestidos eran de un tejido desconocido para ellos y cuya piel tenía el mismo color verde de las hojas de los árboles. Esto sería un buen principio para una novela de ciencia ficción, pero el hecho es absolutamente cierto. Los muchachos se expresaban en un idioma desconocido. Especialistas llegados de Barcelona trataron en vano de identificar4 este idioma y de analizar el tejido de los vestidos. Entre ellos, un sacerdote, versado en idiomas extranjeros, tampoco logró identificar el que utilizaban los muchachos.
Fueron entregados al juez de paz local, Ricardo de Calno. Este trató de quitarles el color verde, pero no se trataba de un maquillaje, sino de la verdadera pigmentación de la piel. Se vio que las caras de los muchachos ofrecían rasgos negroides, pero los ojos, más bien de tipo asiático, los tenían en forma de almendra. Durante cinco días se les ofrecieron los más distintos alimentos pero los rehusaron todos. Finalmente les presentaron judías verdes y aceptaron comerlas. El chico, muy debilitado, murió. La muchacha le sobrevivió. El color verde de su piel fue atenuándose hasta llegar a ser el normal de un ser de raza blanca. Aprendió un poco de español y trabajó como sirvienta en casa del juez.
Cuando se la interrogó sus declaraciones acentuaron el misterio. Describió el país de donde venía: un país sin sol en el que reinaba un crepúsculo permanente. Este país estaba separado por un ancho río de otro país luminoso alumbrado por el sol. Súbitamente se produjo un torbellino, acompañado de un ruido terrible, que arrebató a ambos muchachos y los depositó en la gruta. La muchacha sobrevivió aún cinco años para morir después.
A bote pronto la historia resulta similar a otras narraciones como la que alude a la utópica Vila del Sis, en el abandonado pueblo de La Mussara, realidad alternativa asentada en otro plano dimensional al que podría accederse a través de ciertas puertas. Pero también suena a cuento chino, pues más de cien años antes el político inglés Rober Harley incorporaba a una colección particular de manuscritos relacionados con la historia civil y religiosa de su país uno firmado por el historiador local William de Newburg a mediados del siglo XII donde contaba cómo en la localidad inglesa de Woolpit, mientras los hombres trabajaban en la tierra, oyeron unos sollozos de niño. Comenzaron a buscar de dónde provenían los lamentos hasta que dieron con la fuente de los mismos. Un niño y una niña. Pero no eran unos críos comunes. Sus ropajes, piel y cabellos tenían un extraño color verde. Los campesinos, ante la imposibilidad de poder comunicarse con ellos, pues hablaban una extraña lengua que nunca ha podido ser reconocida, los presentaron ante su señor, Richard de Calne, el cual le dio protección a los dos menores. Otra peculiaridad más de los dos jóvenes es que de todos los alimentos que se les ofrecían sólo comían judías.
Poco tiempo después de la llegada de los nuevos vecinos a Woolpit, el niño enfermó y murió. Su hermana se quedó sola, pero eso no fue impedimento para que pudiera llevar una vida plena y satisfactoria entre los lugareños. Recibió la misma educación que los demás niños del pueblo. Cuando aprendió en idioma pudo explicar que procedía de San Martín, una tierra entre tinieblas donde no brillaba el sol como en Woolpit. Ella y su hermano se alejaron de la casa de sus padres y no supieron volver. Recordaba haber atravesado un túnel y al salir del mismo fueron encontrados por los campesinos que tan amablemente los adoptaron. El paso del tiempo hizo que perdiera paulatinamente su color verde...
Quisiera pensar que esta antigua leyenda, como sucede con tantas otras, viajó en el tiempo y la distancia a través de ese vehículo casi mágico que es la expresión oral, la comunicación elemental entre los seres humanos, y que de este modo fue como llegó a oídos de Bergier. Me conformaría con saber que alguien, aprovechándose de su avidez por recabar información acerca de anécdotas sobresalientes como las que reflejó en muchos de sus libros, le hubiera dado gato por liebre, pero el caso es que el parecido entre ambos textos ultrapasa el límite de lo que podría considerarse casual. Obsérvese que hasta el nombre completo del hombre que actuó como protector de los críos en la versión más actual es una burda castellanización del original, cuando Ricardo de Calno -apellido que, como la localidad de Banjos no existe en la genealogía hispana- sustituye al de Richard de Calne.
Con todo siguen siendo innumerables las versiones que corren acerca de un relato, este, cuyo origen se remonta al siglo XII, e incontables quienes por ignorancia o interés continúan aderezándolo con el fin de enfatizar su contenido original adaptándolo a su conveniencia. Existen infinidad de versiones que pretenden justificar el origen de los niños, su destino y su particular aspecto. Unos dicen, como no, que eran extraterrestres; para otros padecían una variante anémica y aún son muchos los que insisten en la teoría de la multidimensionalidad, planteando la existencia de otros mundos paralelos al que nosotros conocemos y que en raras ocasiones , como esta, podrían comunicarse por una suerte de falla en el sistema.
Por lo menos sirve la confirmación de que esta es una historia manipulada para observar de qué modo se generan ciertas leyendas urbanas cuyo contenido, que no así su origen, acaba difundiéndose y acomodándose a través del tiempo y de los diferentes lugares.
j.m.m.Albiol

Val dijo
LOS NIÑOS VERDES ERAN DE MARTE, DONDE LAS CIVILIZACIONES ESTAN SOTERRADAS, HUYERON DE UN CATACLISMO, Y LLEGARON A LA TIERRA EN UN PUENTE TEMPORAL.
8 Septiembre 2008 | 06:37 AM