Sobre la catedral de Tarragona.

El año 2007 un equipo de investigadores se dedicaron, haciendo uso de una compleja técnica de prospección no agresiva, a analizar el subsuelo de la catedral de Tarragona recreando virtualmente su estructura oculta y original. Los resultados de tan singular experiencia corroboraron que veinte siglos atrás, en el mismo lugar, se hallaba el primer templo que los romanos edificaban en honor al emperador Augusto fuera de Roma.
Aprovechando una noticia tan positiva como esta en una ciudad, Tarragona, reconocido hoy su ralo patrimonio por la Unesco a pesar de haber crecido en su día sin remordimientos sobre los terrenos que había ocupado la Imperial Tarraco y cuyos vestigios -estatuas, relieves y todo tipo de restos- se arrojaron al mar sin contemplaciones para consolidar el relleno del puerto, he considerado oportuno reproducir algún comentario curioso, extravagante como es habitual, acerca del emblemático edificio inacabado de la ciudad.
La catedral de Santa María, que aún habiendo sido proyectada siguiendo los cánones románicos acabó, después de que la peste negra forzara una interrupción durante el proceso de su construcción, totalmente influenciada por los modelos góticos, se erigió en el lugar donde antaño estuviera el mítico Templo de Augusto; después ocuparía su lugar otra catedral, en este caso visigótica y más tarde una mezquita árabe. Eso era bastante normal, porque formaba parte del proceso que se producía cuando una cultura sucedía a otra en el mismo emplazamiento, pero en aquel caso aquella última profanación se justificó porque la epopeya conquistadora de los musulmanes había dejado sumida a la ciudad en el absoluto abandono hasta que un puñado de condes catalanes encabezaron su reconquista.
Extraído de la novela “33 Almas” de j.m.m.Albiol
Una leyenda local cuenta que hasta no hace mucho pendía del techo de la catedral una lámpara llamada Salomó, artefacto de bronce espléndido por la belleza incompleja de sus doce brazos que sólo se encendía con ocasión de exornar ciertas celebraciones. La leyenda explica cómo la luz que emitía aquella lámpara salvó a una embarcación que a punto estaba de naufragar gracias a que por su ubicación, en el techo del templo que se hallaba a su vez en el punto topográfico más elevado de la ciudad, resultaba perceptible casi desde cualquier lugar. En su desesperación, la hija del patrón recurrió a la Virgen de la Esperanza viendo cómo la nave se iba a pique sin que nadie pudiera hacer nada por evitar la catástrofe producida causa de una pertinaz tormenta que de súbito se disolvió, tan pronto como hubo finalizado la plegaria. En la distancia, la tripulación adivinó el resplandor de una luz que les guió sanos y salvos hasta el puerto de la ciudad, y aquella luz era la que irradiaban desde la catedral los doce brazos del Salomonet de les Matines.
Otra leyenda más, habla de cómo una niña quiso concluir por su cuenta la fachada de la catedral cuando casualmente tropezó con una piedra triangular que, a su juicio, encajaría al milímetro en lo más alto del templo. Como sus medios eran limitados se encomendó a Dios para afrontar la obra de trasladarla desde la Conca de Barberà hasta Tarragona y la fuerza necesaria para trasladar la carga sin fatiga le fue concedida con la única condición de que no perdiera la fe. Ya de camino y llevando la piedra a cuestas la niña se encontró con una anciana a la que le asomaba una cola bajo el vestido y que la interpeló:
-Niña... ¿Adónde vas con esa piedra tan grande?
-Voy a terminar la fachada de la catedral de Tarragona.- Contestó la niña.
-¿No sabes que ya está terminada?
La niña dudó, titubeó sólo un instante y empezó a advertir entonces que la piedra iba pesando cada vez más hasta que no pudo con ella y se quedó clavada en el suelo... Había perdido la fe. Este fue el motivo por el que, según la tradición popular y Jordi Rovira Soriano, en La Vanguardia, tengamos hoy una catedral inconclusa, a causa del ardid de un demonio disfrazado de abuelita.
j.m.m.Albiol
