La Coctelera

j.m.m.Albiol

11 Agosto 2008

Frankenstein y el Autojector

En la noche del 15 de Junio de 1816 varios jóvenes se reunieron en Villa Dodatti, en los alrededores de Ginebra, para contarse historias de terror. Entre ellos se encontraba el romántico y a la vez endemoniado Lord Byron, su por entonces secretario John William Pollidori, que a la postre daría vida a un nuevo concepto del vampiro literario, Shelley, el poeta y una mujer, su amante, que pronto se convertiría en su esposa adoptando su mismo apellido: Mary Shelley. Aquella misma noche Mary Shelley concibió un monstruo sin nombre que también vendría a revolucionar la concepción que hasta esa fecha se había tenido del terror. En su historia, un científico llamado Víctor Frankenstein, empeñado en crear vida artificialmente, creaba una criatura a partir de restos de cadáveres sustraídos de cementerios. Con un aspecto más o menos humano pero sin alma, el monstruo empezaba a sentir, a medida que transcurría su nueva existencia, una necesidad de afecto de naturaleza animal, pero debido a su deformidad y a su desagradable origen, la misma sociedad que había dado pábulo a su creación lo rechazaba con una mezcla indisoluble de desprecio y temor. La historia tenía lugar en plena revolución científica e intelectual de finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando el mundo moderno de la ciencia y de la industria empezaba a caminar a paso de gigante, pero antes y después de que Shelley escribiera acerca de su Moderno Prometeo fueron muchos los científicos que como el doctor Frankenstein dedicaron parte de sus vidas a experimentar buscando el modo de reanimar cadáveres mediante el uso de la electricidad. Este es el caso del científico Giovanni Aldini, cuyos experimentos inspiraron parte del relato de Shelley.

A principios de 1800 Aldini conectó los bornes de un primigenio generador eléctrico al cadáver de un preso que había sido condenado a muerte. Al recibir la primera descarga los músculos de su cuerpo y los de su rostro se crisparon con tal violencia que incluso sus párpados aletearon como si estuviera a punto de volver a la vida. Entonces Aldini decidió ir un paso más allá y le introdujo uno de los polos por el recto haciendo que toda la anatomía del muerto se estremeciera entre convulsiones, casi como si ya hubiera salido de su eterno sueño, aunque el experimento había sido un rotundo fracaso.

Tan sólo unos años después, el también científico Robert Cornish solicitó la autorización para llevar a cabo una experiencia con el mismo objetivo con otro voluntario que aguardaba el momento de su ejecución en el corredor de la muerte, aunque las autoridades se negaron, entre otras razones, porque en el improbable caso de que aquel experimento funcionara el reo, que entonces ya habría cumplido su condena, debería ser puesto en libertad, paradoja que no estaba contemplada por la legislación. Antes Cornish había puesto en práctica su técnica de reanimación con varios perros que previamente había inducido a la muerte por asfixia logrando, tras una ingente cantidad de fracasos, resucitar a una pareja de cánidos que durante varios meses malvivieron en un estado deplorable, con el cerebro chamuscado y algo imperceptible en su nueva naturaleza que aterrorizaba a sus congéneres sanos.

Ya casi en la década de los treinta otro insensato investigador soviético llamado Sergei Brukhonenko, puso en conocimiento público un fantástico aparato al que dio un abominable uso: el Autojector. Por aquel entonces la rivalidad entre las potencias que pretendían dominar el mundo comprendía todos los campos de la ciencia y los mecanismos de la propaganda rusa, de donde era originario el científico, se pusieron en funcionamiento para propagar a los cuatro vientos el éxito de aquel ensayo. La máquina, el Autojector, hacía posible que la cabeza de un perro separada del resto de su cuerpo permaneciera con vida e incluso respondiera con relativa normalidad ante ciertos estímulos durante varias horas. A pesar del carácter maquiavélico de su experimento, Brukhonenko fue pionero en la investigación y construcción de la primera máquina que realizaba las funciones de pulmón y corazón, dispositivo que posteriormente resultaría imprescindible para la práctica de la cirugía extra corpórea.

Intentar prolongar la vida más allá de los límites naturales siempre ha sido una lógica pretensión del ser humano, si es que no es una cosa mucho más oscura la que se oculta tras experimentos como el perpetrado por el doctor Robert White ya en 1970, cuando procedió a separar en el quirófano la cabeza de un desdichado mono de su cuerpo para luego unirla al de otro cosiéndola sobre uno de sus hombros. El animal llegó a mantenerse consciente e incluso trató de morder a los miembros del equipo de investigadores que le habían dejado en aquel estado, pero no poseía control del cuerpo al que estaba pegado, pues no fue posible conectar un sólo nervio a la médula espinal de la otra bestia. Tres décadas más tarde el doctor White y su equipo habían perfeccionado una máquina de perfusión sanguínea, que venía a ser una suerte de corazón mecánico que se podía conectar a las arterias y venas del cuello aislando la cabeza del cuerpo y reduciendo el riesgo de daño cerebral durante la misma operación, una máquina al fin y al cabo, con la misma utilidad que aquel Autojector desarrollado por Sergei Brukhonenko.

Quizá algún día se consiga conectar correctamente el cerebro con el cuerpo. Sería un modo de mejorar las expectativas de vida y su calidad de mucha gente con graves problemas de salud para los que todavía hoy no existe ninguna solución, pero un trasplante de cabeza también puede entenderse como un cambio de cuerpo y en una sociedad como la nuestra está bastante claro hacia qué callejón sin salida acabaría llevándonos esta posibilidad.

El dilema está servido, la cuestión moral, si se quiere, pues aunque en principio todas las experiencias son en beneficio de la humanidad, nosotros somos lo que somos y cuando aspiramos a emular a Dios acabamos pareciéndonos a aquel Victor Frankenstein que tan bien retrató Mary Shelley en su novela.

j.m.m.Albiol

http://es.youtube.com/watch?v=KSYOD1_JPw4

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