La niña ahorcada; el génesis de una leyenda urbana.
Las leyendas urbanas son aquellas narraciones adornadas con elementos generalmente prodigiosos que se superponen al contexto del relato original y que resultan más o menos creíbles soslayando la paradójica imposibilidad de verificar esas nuevas acepciones. Su proyección podría estar directamente relacionada con la necesidad que tiene el ser humano de sustentar el estacionario rudimento fantástico a pesar del fomento de la ideología racional, y por esa razón se han ido desarrollando paralelamente a las tradiciones orales propias de cada entorno sociocultural como un componente más del folclore.
Ya en pleno siglo XIX, Gustavo Adolfo Bécquer reflejó su interés por las fantásticas leyendas populares en una excelente compilación. La Cruz del Diablo, el Miserere o el Monte de las Ánimas son algunos de los relatos que el poeta sevillano escribió constatando el efecto que causaban este tipo de narraciones en su día. Más reciente es la obra que el prolífico escritor catalán Manuel Vázquez Montalban, tristemente fallecido en Bangkok en octubre de 2003, dedicó a este tipo de literatura que germina y se difunde por la interacción de un determinado colectivo. En una novela titulada: Historias de fantasmas, el detective Pepe Carvalho se ve inmerso en la resolución de diferentes situaciones que destacan por su sobrenaturalidad así como por su oculto carácter alectivo y que están relacionadas con espectros y apariciones ilustrados desde una perspectiva racional.
Generalmente las leyendas urbanas circulan espontáneamente adaptándose a los diferentes detalles que cada individuo elimina o incorpora con la intención de hacerla más creíble en su entorno cultural o en un contexto temporal encontrado, aunque la norma indispensable para la consecución de tal propósito será que la estructura interna conserve su planteamiento original intacto. Esa trama suele estar cimentada en una historia real que deliberadamente se desfigura para provocar cierta aprensión en el interlocutor o para denigrar a personas y colectivos. Así, la acepción genérica empleada para designar estos rumores del dominio público, sirve a su vez para referirse las más dispares fábulas, aunque no se ciñan a la representación fundamental del concepto.
Una de las leyendas de mayor difusión y supuesta verosimilitud, según el eventual narrador es, sin duda, la de la chica de la curva, que nos relata cómo un conductor recoge a una joven autoestopista en plena noche y conduce unos minutos sin que ella, que siempre ocupa inexplicablemente el asiento trasero en lugar del correspondiente al del acompañante, medie palabra hasta que se aproximan a una curva. Aquí la chica, ostensiblemente alarmada, advierte al automovilista acerca del peligro que supone este tramo de la carretera: Tenga cuidado con esa curva… Aquí me maté yo en un accidente… El conductor sobresaltado y contrariado se vuelve y, como cabe esperar, la joven autoestopista se ha volatilizado. Probablemente la intención original del relato consiste en prevenir a los conductores acerca del riesgo implícito en dejarse acompañar por desconocidos, o del certero peligro de muerte en un determinado punto del trazado de las vías de circulación, pero el boca a boca acaba alterando el argumento dejando el mensaje en un segundo plano por la superposición de los pormenores que hacen más interesante la exposición del documento.
Existen centenares de versiones de esta misma leyenda que varían dependiendo principamente del lugar en donde se cuentan. En Gerona se conoce, desde la década de los setenta, una tergiversación de la misma que habría protagonizado un turista belga que conducía desde Tossa de Mar en dirección a Playa de Aro. Por el camino, el turista recogió a una joven autoestopista con quien mantuvo una conversación más o menos grata mientras enfilaba la carretera a una velocidad considerable. La chica le advirtió acerca del peligro que suponía circular de aquel modo por el trazado serpenteante de asfalto y le aseguró que ella misma había sufrido un gravísimo accidente justo allí. Después dejó de hablar. Había desaparecido. El conductor pensó que se había arrojado a la carretera, a pesar de que esa posibilidad contradecía toda lógica. Sin embargo la idea de que se hubiera esfumado de aquel modo iba aún más contranatura, así que detuvo su vehículo y empezó a buscarla sin éxito por los alrededores por si había quedado malherida en la cuneta. Cuenta la leyenda (urbana) que a continuación acudió a efectuar una denuncia al cuartel de la Guardia Civil, donde le aseguraron que no era el primero que se topaba con la misteriosa autoestopista, y que de algún modo debía sentirse afortunado, pues la misión de la aparecida había consistido en salvarle la vida. Es evidente que este punto de la narración, este twist, es un aderezo insostenible incorporado por otro narrador para rizar el rizo, aunque en el vano intento sólo logra desvirtuarla.
En el límite con el Camp de Tarragona, en el Baix Penedes, se extiende el municipio de Albinyana desde la sierra de Quadrell hasta la riera de la Bisbal. Allí se describe otra curiosa interpretación de esta leyenda combinada con otra más profunda, más propia de un entorno rural: la del árbol del ahorcado. Cuentan que algunos conductores, al circular por una curva del tramo de la carretera que comunica Les Peces con Albinyana, han visto bascular en cuerpo desprovisto de vida de una niña colgado por el cuello de la rama de un árbol que se engarbulla en el punto de menor visibilidad de este trazado. Nadie sabe a ciencia cierta si en aquel lugar llegó a suceder un hecho tan infausto, y por descontado, se desconoce a quien podría pertenecer ese cadáver menudo. Muchos vecinos aseguran que se trata de una broma de mal gusto, que probablemente alguien se dedica a colgar una bolsa de basura o cualquier fardo con el volumen similar al del cuerpo de un menor que sería fácilmente susceptible de provocar la confusión si se viaja de noche y a cierta velocidad, y probablemente esa sea la versión más fiable o cercana a la verdad. En cualquier caso, he aquí la génesis de una leyenda urbana que prosperará y se difundirá a medida que vaya incorporando elementos que no sólo la hagan atractiva al oído, sino coherente. De hecho, ya existen en la misma zona diferentes dilucidaciones que intentan justificar el por qué de la aparición del cuerpo en ese lugar. Algunos aseguran que la pequeña falleció allí mismo, que fue uno de esos trágicos suicidios infantiles, mientras otros prefieren incorporar a la trama ingredientes mucho más desapacibles y casi legitiman que murió asesinada y que incluso la violaron en el mismo lugar, y lo saben a ciencia cierta porque alguien que conoce a alguien que pudo estar allí se lo contó. Lo cierto es que se trata de un trayecto por donde caminan muchos adolescentes en las noches veraniegas, cuando se desplazan de un casco urbano a otro, y no es de extrañar que se pretenda infundir, aunque sea inconscientemente, cierto temor para que no descuiden los peligros que acechan a este lado de la realidad.
Por esa razón es normal que estas leyendas urbanas resistan a los embates del tiempo, porque la flexibilidad de su carácter oral las hace intemporales, y esa es una característica que garantiza su pervivencia.
j.m.m. Albiol

Jack Skellington dijo
El ser humano tiende a exagerar sus propias vivencias para intentar que su interlocutor se involucre al máximo en su 'aventura'. Es como una bola de nieve que cae por la ladera de la montaña; empieza siendo una nuez y acaba en avalancha. En la tradición oral, a las historias cada uno le añade su granito para hacerla, según cree, más creíble. Al cabo de los años o siglos acaban siendo una espectacular leyenda urbana (también llamadas en otros tiempos 'cuentos chinos'). Algunas incluso han llegado a fraguar hasta convertirse en unos de los libros más leídos de la historia...?!
Si os interesa la historia de la chicha de la curva, podéis encontrar un vídeo muy ilustrativo al respecto en youtube.com. Esta en portugés, pero lo de menos es el idioma. En principio se trata de una história real... (buscarlo por fantasma real en porturgal).
22 Agosto 2006 | 03:53 PM