La Coctelera

j.m.m.Albiol

25 Febrero 2006

El sepulcro egipcio de Tarragona.

Podemos borrar toda la historia, menos la primera línea.
Daniel Mourelle
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, un pasamanero cautivado por la nebulosa historia del mundo antiguo llamado Buenaventura Hernández Sanahuja, llevó a cabo una inmensa tarea como arqueólogo, disciplina emergente pero apenas desarrollada por entonces, en la ciudad de Tarragona, heredera de Kesse, de la base militar de Roma durante la segunda guerra púnica y más tarde capital de la provincia Hispania Citerior. En aquellas fechas, casi lo mismo que ahora, el embate y la especulación urbanística contribuyeron a la destrucción de buena parte del patrimonio histórico, siendo desgraciadamente habitual que los yacimientos acabaran reducidos a escombros en breve para que la moderna civilización progresara diametralmente.
Mediado aquel siglo XIX, se iniciaron las obras de ensanchamiento del puerto, procediéndose a la extracción del material necesario en la colina que dividía la ciudad propiamente dicha del barrio marítimo y que poco después acabaría urbanizándose sin ningún escrúpulo. La dirección de la Obra tenía a su disposición a medio millar de presidiarios que transportaban en rudimentarios carretones las rocas previamente arrancadas de este emplazamiento, sito unos cien pies sobre el nivel del mar, por la devastadora acción de los explosivos. Al removerse la tierra, aparecieron los vestigios de la antigua ciudad romana: estatuas, relieves, frisos, mosaicos y ánforas, un bagaje arqueológico de gran importancia que en medio de la desatinada barbarie se arrojó al mar para rellenar la nueva faja del puerto.
En un punto determinado de la excavación, consistente en la práctica de un corte perpendicular desde la superficie de la tierra hasta la de la roca, apareció a tres pies de profundidad el habitual pavimento de construcción romana que se extendía a lo largo del yacimiento. Seguían unos cinco pies más formados por las capas intactas de aluvión que se había ido interponiendo a lo largo de los siglos, e inmediatamente encima de la roca, los inexpertos presidiarios obligados a aquella tarea forzosa, dieron con el vértice de lo que en principio creyeron que era un pedrusco que fueron rompiendo en fragmentos con el objeto de facilitar su extracción. Cuando Buenaventura llegó a este lugar de la excavación, los destrozos eran ya irremediables, pero aquellos pocos fragmentos le bastaron para afirmar que, sin ningún lugar a dudas, pertenecían a un sepulcro egipcio colocado allí por el mismo pueblo que lo había construido.
La primera noticia que tuvimos del hallazgo fue acompañada del fragmento número 1, sorprendiéndonos en exceso la vista de un resto Egipcio en Tarragona, cita Sanahuja en su obra del año 1855 “Resumen histórico-crítico de la ciudad de Tarragona”
Evidentemente, la argumentación que el pionero arqueólogo redactó en aquel completo estudio causó malestar, rabia e hilaridad entre la crítica de la época, una comunidad obtusa de expertos arraigados en su inamovible versión de la historia de la humanidad. Así. Buenaventura había compuesto la siguiente teoría a partir de los fragmentos hallados en la ciudad de Tarragona: Las célebres columnas de Hércules y su templo en Gades, las murallas hercúleas de Tarragona, los sepulcros labrados en roca viva cerca de Olerdola en Cataluña, de un carácter puramente egipcio; el templo junto a Antequera, conocido por el vulgo como “Cueva de Mengal” y finalmente los Toros de Guisando, el puerto de ponto du porco, y los animales de piedra cárdena en la calle Real de Toledo, que no serán otra cosa que rudas imitaciones del buey Apis, revelan un origen egipcio más o menos degenerado. Estas obras que nos restan de tan remota época, sin contar las muchas que se han desfornido, hablan en mucho concepto más que tantos historiadores cuyos escritos se contradicen a menudo; y el que más escribió dos mil años después de estos sucesos.
En el epicentro de esta hipótesis, que tan descabellada parece a priori, Sanahuja dio con la clave de una realidad negada con rotunda contundencia hasta no hace demasiado tiempo por esa corporativista élite que cultiva y acapara la materia, los mismos que se oponían frontalmente al posible origen común de los pueblos del Mediterráneo. El investigador se aventuraba ya entonces a dudar de la procedencia de los Celtas, hoy más en cuestión que nunca, así como del mismo pueblo Íbero, que nunca existió como tal, como civilización homogénea, hasta que los Griegos asignaron ese topónimo a las diferentes comunidades que poblaban la península a su llegada. De igual modo sugería que la incidencia de esta civilización, como la de tantas otras que sucesivamente accedieron a nuestras cosas no fue tan relevante en las zonas interiores (aunque este es un asunto que abre una nueva serie de interrogantes ajenos a esta cuestión), y declaraba enfáticamente la existencia de Tartesos, civilización que no fue reconocida hasta hace relativamente poco tiempo y casi a regañadientes. La suma de estas y otras tantas conjeturas dieron como resultado un severo desajuste cronológico con respecto a los cánones establecidos por la historia oficial de la humanidad. La consecuencia de tal osadía fue ineludible, y poco tiempo después Sanahuja acabó cediendo a las presiones de la crítica coetánea y retractándose de sus aseveraciones, dando así la razón quienes consideraban que estos restos, con mucho, eran una falsificación antigua, quizá construida durante la ocupación romana con la intención de imitar una tumba egipcia, aunque es obvio que el estilo de la supuesta recreación es muy anterior al que imperaba durante su supuesta ejecución.
Más adelante fue nombrado inspector de Antigüedades y director del Museo arqueológico, y desarrolló una variada producción bibliográfica, destacando una revocación pública de aquel texto primero y de todo lo manifestado en él. Todavía hoy, la arqueología oficial rechaza aquella teoría, pero es significativo que no oculte del todo su existencia. Los fragmentos del sepulcro permanecen en la Real Academia de Historia, en Madrid y está claro que su origen, así como su cronología, son inciertos, pero no menos que los de la historia humana de la misma península ibérica. Es importante tener en cuenta que Sanahuja no nos hablaba de una colonia del Egipto faraónico, que es el que hoy por hoy conocemos hasta cierto punto y que poco o nada tiene que ver con las pirámides ubicadas en el mismo punto geográfico y que fueron elaboradas, seguro, por una civilización anterior mimetizada por los primeros; una casta primitiva que pudo ocupar un territorio tan extenso como lejano en el tiempo. Precisamente el tiempo esparce la huella difusa de la historia lamentablemente monopolizada y cerrada en banda a estas teorías, y recurriendo, en su detrimento, al manido pretexto del conspiracionismo.

P.s. Debo agradecer a mi entrañable colega Alman que me revelara este enigmático descubrimiento antes de nuestra particular caída babélica.

j.m.m.Albiol

servido por j-m-m-albiol 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Manuel

Manuel dijo

La arqueología oficial continúa incurriendo en errores gravísimos que sólo eltiempo revelará, pero los gobiernosw municipales incurren en otros mucho peores, como la destrucción de reliquias incomparables y una herencia que no tendrá ningún interés para las generaciones venideras, y para darse cuenta de eso sólo hace falta echar un vistazo alrededor de nuestras ciudades y cintemplar las perversiones arquitectónicas que anulan el encanto.

5 Septiembre 2006 | 09:16 PM

osho

osho dijo

exiten pruebas que puedan acreditar esta información??

20 Septiembre 2006 | 12:44 PM

osho

osho dijo

existen pruebas que acrediten esta informacion????????

20 Septiembre 2006 | 12:46 PM

Osho

Osho dijo

?Egipcios en Tarragona??????? ¡¡¡¡Dónde están las afotooos!!!

27 Septiembre 2006 | 05:06 PM

zeta

zeta dijo

Muy interesante artículo que me hizo reflexionar sobre las teorías conspiranoicas que existen en contra de la Arqueología Oficial. A continuación le envío los sistemas de datación en arqueología, la cronología relativa y la cronología absoluta, por si pueden ser de ayuda en su trabajo.

La datación relativa establece un tiempo mediante elementos de tipo comparativo. Para periodos muy estudiados y conocidos se utiliza la cronología relativa, que permite un escaso margen de error. Hay 2 métodos claves:

-estratigráfico, que consiste en reconocer, numerar, y una vez conocida la cronología llegar a ver el conjunto de actividad, para poder conocer la población
-enseres arqueológicos

Hay que tener en cuanta que siempre hemos hablamos de U.E.´s vírgenes, sin alterar desde su formación. La tierra que se ha removido también debe ser reconocida.

El estudio de los enseres arqueológicos nos permite establecer una cronología relativa. Para ello llevamos a cabo estudios del objeto en si o estudios tipológicos y tecnológicos. Estos estudios permiten:

-estudio macroescópico de la fabricación, u observación para ver como está fabricado
-estudio microescópico que se lleva a cabo en laboratorios por especialistas que analizan la muestra del objeto para que después los resultados obtenidos sean comparados con el estudio macroescópico

Como consecuencia de estos estudios, conseguimos una seriación, es decir, una vez conocida su fabricación y tipo, ver el desarrollo evolutivo del objeto.
Hay que tener en cuenta que los restos deben estar sin remoción post-deposición, al igual que la U.E.. Los restos hallados en una misma U.E. son contemporáneos, siempre y cuando no hayan sufrido cambios. Puede darse el caso de que en una misma U.E. definida haya objetos no contemporáneos, lo cual se podría deber a la pervivencia de objetos o bien por un corrimiento de tierra.
Para las dataciones relativas adquiere gran importancia la estadística o porcentaje.
La inversión estratigráfica consiste en la acumulación de tierra extraída de un estrato inferior y depositada en un nivel superior, de tal modo que el nivel inferior aparece antes que el superior, cronológicamente hablando.
El depósito es una U.E. perfectamente definida que no ha sido alterada y que se ha realizada en un momento determinado, caso de tumbas, tesorillos ocultos. Desde el punto de vista de la datación relativa nos indica la contemporaneidad de los objetos y la cronología mediante la tipología, tecnología, seriación, etc... En este caso, el término ante quem nos lo refiere la moneda mas antigua y post quem la moneda mas reciente del depósito. Todo depósito no alterado tiene identidad cultural propia y ese objeto nos permite establecer las dataciones cruzadas, es decir, identificarlo como fósil guía para cualquier otro estrato de la misma época y con el mismo material.

En cuanto a los métodos de datación absoluta, hay que decir que se dan en laboratorios especializados. Nos dan fechas que nos marcan un año como mas probable con un margen de error años arriba-abajo. Todas las dataciones absolutas se obtienen a partir de muestras que el arqueólogo o especialista recogen, muestras que deben estar en U.E.´s definidas y conociendo la datación relativa.
Cuando estudiamos materiales que tiene una gran vigencia, es necesario tener varios yacimientos perfectamente estudiados ya que es necesario ver el contexto en el que se encuentra para poder relacionarlos con la época, para poder establecer el que sería el fósil guía. Según la muestra se podrá emplear un método u otro.

27 Octubre 2006 | 09:54 AM

Osho

Osho dijo

gracias por la foto, tio. tienes mas?

23 Enero 2007 | 12:22 PM

Calmadigital

Calmadigital dijo

Espero que algún día, pasado el tiempo le den la razón a Hernández Sanahuja.

18 Julio 2009 | 07:17 PM

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