vox quoque Moerin
iam fugit ipsa: lupi Moerin uidere priores
A Meris le huye
hasta la voz: le vieron a Meris los lobos primero.
Virgilio.
El Parque del Montnegre y corredor representa uno de los lugares más atractivos de toda Cataluña por la singular riqueza paisajística de su entorno natural privilegiado, donde destacan los espesos pinares del litoral que van dejando paso al roble, el alcornoque y la encina a medida que penetran en el interior del macizo. Además de su gran valor ecológico, este espacio posee un patrimonio histórico que va desde el neolítico, como poco, hasta nuestros días, siendo también significativos los restos de asentamientos íberos, las iglesias románicas y otros vestigios de diferentes épocas. Las huellas de los homínidos impresas en el terreno conducen a una espectacular construcción formada por varias losas verticales que soportan una octava piedra en posición horizontal, el Dolmen de Pedra Gentil, un monumento milenario que siempre ha inspirado numerosas leyendas de carácter sobrenatural. Aunque el conjunto megalítico no se encuentra ya en su plaza original, sigue constituyendo uno de los enclaves más emblemáticos de la zona y era, según la tradición, el punto de reunión en torno al cual celebraban sus aquelarres todas las brujas de la comarca.
Allí mismo, entre las sierras de Montnegre y el Corredor, se encuentra el municipio de Vallgorguina, que se traduce al catalán como: “Valle de las Goges” o “Valle de las brujas”.
El actual núcleo urbano data de finales del siglo XVIII, aunque la existencia del pueblo, habitado actualmente por unos 1800 vecinos, se encuentra documentada ya en el siglo X. No muy lejos de Vallgorguina se halla el también antiguo término de Hortsavinyà y la primitiva iglesia de Sant Llop, o San Lobo, en catalán.
La creencia en el mito del hombre que puede transformarse en un lobo para devorar a otros hombres es una de las más arraigadas en el folclore europeo, sobre todo en los pueblos de cultura románica. Ya en la mitología griega existen referencias a Lycaon, del cual deriva el término empleado para designar a las personas que se creen lobos, licantropía. Lycaon era un personaje que sacrificaba a inocentes para ofrendar su sangre a los dioses. La misma loba capitolina que amamantó y crió a Rómulo y Remo, los hermanos fundadores de Roma, tiene su origen en la anterior tradición Etrusca, para quienes el lobo era, igual que en Egipto, un símbolo de valor, mientras que para los hititas, era la voz que se aplicaba a los proscritos.
En el mundo antiguo, cuando el hombre empezó a invadir los territorios de caza que pertenecían al lobo, la relación entre ambas especies se deterioró definitivamente. El temor a los lobos, suscitaba una verdadera psicosis entre los hombres, aunque los cánidos sólo se atrevían a merodear en torno a las aldeas cuando el hambre era extrema. Pronto se recurrió al empleo de una nueva simbología que el imaginario popular adaptó a también a sus temores espirituales. Así surgió el mito del hombre lobo, una creencia estrechamente ligada con el miedo a los lobos y a otros peligros que acechaban al indefenso hombre de la época, como el hambre, el contagio de enfermedades, y como no, ese incierto más allá del que solo se podía regresar marcado por una maldición que transformaba al individuo en otro ser, aunque no existiera peor enemigo que el mismo hombre.
El origen de San Llop está claramente relacionado con ciertos elementos culturales pertenecientes al mundo prerromano de la región. La leyenda habla de un hombre que convivía con los lobos y compartía con ellos los territorios de las montañas. Nadie increpaba a los lobos y los lobos no suponían, en principio, una amenaza para nadie, pero a cambio, los habitantes de la zona debían contribuir con el pago de un impuesto al pastor si querían continuar manteniendo el nuevo e imprescindible orden. De lo contrario, si alguien osaba renunciar al desembolso de esta tributación, el ataque de los lobos contra su persona, su familia y sus bienes era inminente. En cualquier caso, convenía que los hombres fueran cautos cuando deambulaban por los bosques, pues a pesar de que los contactos con el lobo eran escasísimos, debía evitarse a toda costa que en un fortuito encuentro con el inaudito pastor asociado más tarde a Sant Llop, éste fuera el primero en mirar a sus ojos, pues en este caso, y esta creencia proviene sin duda de la tradición mediterránea, el desdichado caminante perdía para siempre la capacidad de hablar. Este es el origen de la popular relación entre Sant Llop y la ronquera, la afonía o la mudez, en un expreso ejercicio de aprehensión cultural que se desarrolló alrededor de la Iglesia que con su mismo nombre se localiza en Horsavinyà.
Durante la Edad Media se produjeron numerosas ejecuciones a manos de los tribunales inquisitoriales con el objeto de erradicar a los acusados de licantropía. Sobre ellos recaían todo tipo de imputaciones basadas en los habituales testimonios impulsados entre otras cosas por ese desasosiego profundo producido por el odio y por todo aquello que escapaba al pensamiento establecido.
En las terminaciones del pasado siglo, todavía había quién aseguraba haber visto un extraño ser de aspecto antropomórfico merodeando por los bosques del Montnegre, una criatura que la prensa bautizó como “el hombre lobo del Montnegre”. Evidentemente se trata de una superstición, pero si no fuera así, los testigos habrían tenido la gran fortuna de no ser advertidos antes por el lobo, como le sucediera al Moerin de Virgilio.
Como de costumbre, agradeceré toda la información adicional que verse sobre este caso o cualquiera que se le asemeje.
j.m.m.Albiol

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