La Coctelera

j.m.m.Albiol

25 Enero 2006

Los Verdugos de Cristo.

Es una constante natural experimentar el miedo ante cualquier cosa que de un modo u otro constituya una amenaza para nuestra seguridad, como también es innato en el hombre desarrollar ciertos dispositivos para enfatizar la desconfianza entre las comunidades lindantes. La rivalidad es una manifestación común entre pueblos sin que sea preciso que exista una oposición diametral entre ellos. El miedo es una emoción muy compleja que puede evolucionar y adaptarse en función de las necesidades del individuo o del grupo humano al que pertenece y puede con el tiempo desleírse en la memoria sin que desaparezca del todo la huella que delata su origen. Así, los tradicionales enfoques preconcebidos y algunos de los tópicos que obstaculizan la comunicación y convierten a la diferencia en un agente segregador entre los pueblos hermanados por su historia, bien podrían estar alimentados por la desconfianza recíproca y en consecuencia del miedo en una de sus variantes primigenias. Es así como se inician las leyendas negras que unos pueblos atribuyen a otros como si formaran parte de su verdadera historia, y precisamente en esa misma línea circulaba una historia por la ciudad de Reus que narraba un suceso vergonzante en el que habrían intervenido los predecesores de sus vecinos Tarraconenses.
La fundación romana de Tarragona se remonta a los tiempos de la segunda guerra púnica, cuando sirvió como base militar para la imparable conquista de la península. Tarraconensis fue una de las provincias más importantes del Imperio durante algunos siglos y residencia de algunos de los personajes más ilustres de la época, como Séptimo Severo o Adriano. Siendo tan importante núcleo urbano, fueron muchos los edificios singulares que se construyeron en la ciudad, aunque la gran mayoría no hayan llegado hasta nuestros días por diferentes vicisitudes históricas. Entre estos edificios se encontraba la sede del Pretorio Romano, también conocido como Palacio de Augusto, Castillo del Rey o Castillo de Pilatos, y que actualmente alberga el Museo de Historia.
Erigido en torno al siglo I, esta construcción conserva su original estructura romana únicamente en los lados norte y oeste y es una de las dos torres que se alzaban en los extremos meridionales de la plaza del Forum. En el interior se conserva una gran sala abovedada, una galería por la que se accedía al recinto del circo, y una mazmorra subterránea.
Fue más tarde residencia de monarcas catalanes, cuartel militar y prisión hasta el año 1957 y se dice que fue el lugar de nacimiento de Poncio Pilatos, hijo del por entonces Pretor de la Tarraconensis. Es Pilatos una pieza clave en la condena y crucifixión de Jesucristo, y aunque se desconoce su verdadera dimensión humana, su existencia quedó irremediablemente marcada por los hechos que como procurador romano en Judea le tocó vivir en los comienzos de nuestra era.
Se conoce, y aquí es donde la leyenda negra empieza a tomar forma, que era corriente que el imperio romano integrase en sus legiones a la población de las diferentes comarcas y provincias que aglutinaba con la finalidad de fomentar el sentimiento patriótico y ampliar su poder militar. Cuando un probatio era reclutado aprendía a obedecer las órdenes y acataba cualquier decisión del mando inmediatamente superior. Cuentan que Pilatos se encargó de instruir un cuerpo auxiliar del ejército romano para su guardia personal con ciudadanos originarios de aquella Tarraconensis, y que al ser destinado a Judea no quiso desprenderse de esos hombres porque eran de su entera confianza. Allí fue donde se supone que abandonó a su suerte a Jesús de Nazaret ante el Sanedrín, que ya había anticipado el veredicto del juicio sumarísimo, y aunque clamó su inocencia lavándose las manos, fueron sus hombres, ya que no podía ser de otro modo, los encargados de cometer el deicidio. De este modo la consumación de la crucifixión de Cristo fue llevada a cabo, según los interesados en propagar la leyenda, por los infames habitantes de Tarragona.
Obviamente la historia se puede manipular con cualquier finalidad siempre y cuando interese. La misma fecha del nacimiento de Jesús es del todo imprecisa si uno coteja los evangelios con otras referencias históricas. El 25 de diciembre era el día en que los romanos celebraban la festividad del "nacimiento del sol invicto", Mithras, la dilatación del día en detrimento de la noche invernal, el triunfo de la luz sobre las tinieblas. La Iglesia se apropió así de otra fiesta pagana, pero esa es otra historia, claro. Lo más significativo de esta fatua, y según cómo se interprete, simpática invención es encontrar el inicio de esa desconfianza que genera los testimonios más descabezados y perspicaces .
La transmisión oral de esta leyenda ha desaparecido de la sociedad prácticamente por el advenimiento de nuevos miedos que dan pie a la desconfianza y en consecuencia similares leyendas sin fundamento. Agradecería eternamente cualquier información adicional, y por supuesto insisto en que lo de “eternamente” es un decir.

j.m.m.Albiol

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aps

aps dijo

quo scripti, scripti est...

25 Enero 2006 | 05:28 PM

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