La Coctelera

j.m.m.Albiol

23 Enero 2006

La Vampira del Carrer Ponent

En el origen de cualquier leyenda hay un claro componente vinculado a la realidad. Así, el caso de Enriqueta Martí resulta más estremecedor que otros, en principio, porque su proximidad cronológica nos da una visión considerablemente acertada de una figura que favorece la comprensión de esas sensaciones que siempre se ha tratado de transmitir a partir de estas mismas representaciones. Además he considerado interesante que se halle en ese episodio intermedio del proceso, en el punto exacto en que la realidad da pie a la gestación de una leyenda que la transmisión oral se ocupará de perfilar hasta convertirla en ese vehículo transmisor del miedo que circula por el entramado social por una inherente necesidad del individuo.
Enriqueta Martí empezó a prostituirse a la edad de veinte años y nunca abandonó esta actividad, aunque supo encontrar un modo mucho más rentable de practicarla desde un piso sito en la calle Ponent, hoy calle Joaquín Costa, de Barcelona, un entresuelo tenebroso y hediondo donde se dedicaba a concertar intimaciones escabrosas entre adultos y menores que ella misma secuestraba a la luz del día en plena calle, a principios del s.XX. Enriqueta acostumbraba a mendigar por las parroquias y asilos vestida con harapos y con una capa o un pañuelo negro con el que cubría a los niños que encontraba solos y descuidados. Está claro que esa era una técnica que había desarrollado para llevar a cabo el rapto de los menores y que no tenía ningún problema de solvencia, pues era habitual verla salir de ese mismo entresuelo por las noches ataviada con vestidos elegantes, pelucas y sombreros, cuando acudía al encuentro de sus clientes, que no serían pocos pues como más tarde se comentó, y esta es una circunstancia lamentablemente habitual en estos casos, casi todo el mundo sabía o sospechaba qué tipo de turbio negocio se traía entre manos; aunque no creo que nadie a excepción de quienes estuvieran directamente involucrados en la trama supieran de qué se trataba a ciencia cierta. De hecho las declaraciones de innumerables testigos sirvieron para concretar el perfil de la criminal durante su proceso y su misma detención se produjo merced a la denuncia de una vecina indiscreta que afirmaba haber visto a una niña asomada al otro lado de una sucia ventana de la casa, una niña que coincidía con la descripción de Teresita Guitart, que había desaparecido unas semanas antes.
Sin duda la policía pudo corroborar que se trataba de Teresita cuando irrumpió en el redil de Enriqueta, y también hallaron allí a otra niña, Angelita, ambas en un estado deplorable, con la cabeza afeitada y evidentes síntomas de malnutrición. Las niñas no se habían visto nunca porque vivían recluidas en habitaciones separadas, pero una de ellas afirmó que durante un tiempo también había permanecido allí otro niño, Pepito, con quien había llegado a hablar en alguna ocasión. La pequeña Angelita declaró que cuando Enriqueta los descubrió cogió al niño y lo despedazó sobre la mesa del comedor. Durante el registro del inmueble, la policía encontró un saco con un cuchillo de grandes dimensiones y la ropa ensangrentada de Pepito y en otra habitación descubrieron una cantidad innumerable de huesos que pertenecían a varios cuerpos, aunque nunca llegaron a identificarlos. Otro hallazgo fue un libro que reflejaba una lista de iniciales que pertenecerían a los posibles clientes de Enriqueta, pero tampoco en este caso se pudo reconocer a quiénes pertenecían. Por entonces, hablamos del año 1912, la tuberculosis era un mal al que cualquiera estaba expuesto y ente los remedios que se empleaban para combatirlo, también contaban todo tipo de pócimas más propias de otra época, así como la ingestión de sangre o la aplicación de cataplasmas elaboradas a base de grasas animales. En efecto, los estudios forenses señalaron que estos huesos habían sido expuestos al fuego durante un proceso que habría servido para la extracción de la grasa, y esta sustancia se halló en diversos frascos de vidrio que Enriqueta tenía almacenados junto a otros que contenían sangre coagulada y otros residuos orgánicos que coincidían con las descripciones de un mamotreto que también pertenecía a ella, una suerte de recetario macabro repleto de fórmulas para la elaboración de pócimas y brebajes de propiedades supuestamente curativas. Otros hallazgos, como cajas donde guardaba innumerables piezas dentales de niños o cabelleras, llevaron a las autoridades a profundizar en el pasado de esta mujer. Así descubrieron que en otros pisos que había ocupado con anterioridad también ocultaba al amparo de falsos tabiques más cabelleras y otros restos como las manos de varios niños y el cráneo de otro que todavía conservaba parte del cuero cabelludo adherido. También se supo que la detenida ya tenía antecedentes por corrupción de menores, pero la influencia de personalidades distinguidas que estaban implicadas en el asunto hizo imposible su proceso entonces.
Sin embargo, las horrendas connotaciones de esta segunda causa eran de tal magnitud que nada evitaría la intervención de la justicia, y Enriqueta Martí, a quién la prensa y la misma población conocía ya con el nombre de “La Vampira del Carrer Ponent”, aseguró que revelaría qué nombres se ocultaban tras aquella relación de siglas que la policía había catalogado durante el registro, una lista en la cual figurarían personalidades muy destacadas de la Barcelona de principios de siglo, miembros de clases pudientes con los recursos económicos necesarios para contratar los diferentes servicios que ofertaba la “vampira” en cuestión.
Poco después del hundimiento del Titanic, para situarnos cronológicamente, se publicó que Enriqueta Martí había perdido la vida a causa de un linchamiento en que habrían participado las reclusas de la cárcel en donde aguardaba la celebración del juicio. Así, la “vampira” se llevaría a la tumba la identidad de aquellas personas involucradas en la siniestra trama. De hecho se comentó que antes de la brutal agresión ya estaba muerta por envenenamiento, y que todo fue un encargo propiciado por esos notables que estarían más que interesadas en silenciarla para siempre.
Sin duda este espeluznante suceso guarda una relación directa con aquellos relatos que servían para atemorizar a los más pequeños: los que hablaban del hombre del saco o del sacamantecas, y viene a ser una materialización del mito, una inversión del orden natural de las cosas, si acaso, como dije al inicio, el mito no acaba construyéndose a partir de un acontecimiento verídico.
He hallado bastante información en referencia a “La Vampira del Carrer Ponent” o “La Vampira de Barcelona” por tratarse de un caso relativamente reciente, aunque ya es notable en algunas narraciones la aportación de referencias incrementadas que se han añadido con la intención de enfatizar la ya de por si estremecedora historia. Debe ser así como se gestan estas leyendas, con la exclusión de ciertos datos y la aportación de otros que se va produciendo a medida que las diferentes generaciones hacen su propia interpretación.
También he encontrado artículos que narran sucesos similares en la actualidad, como el de Diana Semeuba, una Ucraniana que ha estado bebiendo la sangre de algunos desdichados críos con la convicción de que esta sustancia curaría su enfermedad muscular degenerativa.
Una vez más el terror subyace en este modelo porque es propio de la condición humana y porque forma parte de nuestra historia, desde la más remota hasta la más reciente, la historia que refleja nuestros temores ocultos, esos que nos obligan a ser temerosos por naturaleza, porque el hombre, y de eso no cabe la menor duda, es un lobo para el hombre.
Como es habitual en este cuaderno, el autor agradecerá la colaboración de cualquier lector que pueda aportar alguna información referente a este caso o a otros similares.

j.m.m. Albiol.

servido por j-m-m-albiol 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

NAYARA

NAYARA dijo

BUENO, PUES ESTAS COSAS OARECE QUE SIGUEN PASANDO TAMBIÉN HOY EN DIA, COMO SUCEDE CON LA NIÑA ÉSA ASUTRIACA QUE HAN SECUESTRADO DURANTE OCHO AÑOS O SIN IR TAN LEJOS, CON LA MATAVIEJAS DE BARCELONA, QUE ES UN PERSONAJE RELATIVAMENTE PARECIDO A LA VAMPIRA PORQUE TODAVÍA NO SE SABE EXACTAMENTE PORQUE MATABA, AUQNEU SEA MUY PROBABLE QUE EXISTIERA ALGÚN INTERÉS QUE NUNCA CONOCEREMOS. A LO MEJOR CON EL PASO DE LOS AÑOS LAS OPINIONES DISTINTAS DE LA GENTE SE FUNDIRAN CON LA PARTE MÁS REAL DE LA HISTORAI Y SE CONVERTIRÁ EN UN PERSONAJ COMO LO ES LA VAMPIRA DE BARCELONA. PARA MI LO QUE LE PASA A TODA ESTA GENTE ES QUE LES FALTA UN HERVOR, PERO CUALQUIERA SE FÍA YA DE NADIE. YA PARECE QUE CUALQUIERA PUEDE SER UN PERTURBADO TAL Y COMO ESTA LA COSA.

6 Septiembre 2006 | 06:23 AM

Axl

Axl dijo

Insisto en lo mismo qaue dije en el post Pepito y los bebedores de sqangre... Manía la nuestra de fijarnos en la historia ajena cuando muchas veces es, incluso, un plagio de la local. Con la cantidad de crminales que han deambulad0 (y deambulan) por el suelo patrio y nos fijamos en el insulso Jack the Ripper.

27 Septiembre 2006 | 08:48 AM

manu-el

manu-el dijo

Lo malo abunda, pero estos locos eran excepcionalmente perversos!!!

10 Octubre 2006 | 09:00 AM

Miguel

Miguel dijo

Inquietante

28 Noviembre 2006 | 06:12 AM

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