Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas, y la cabra salvaje gritará a su compañero; la lechuza también tendrá allí su morada, y hallará para sí reposo.
Isaías, 34,14.
El singular caso del conde Estruch, el vampiro que registra la mitología oral en la zona del Ampurdán, me ha conducido a otra leyenda no menos curiosa sobre la existencia de vampiros en Cataluña, unos seres que habitaban en el municipio de Pratdip durante la Edad Media. Pratdip es hoy un pequeño pueblo con una población de unos quinientos habitantes que se encuentra en la Sierra Llebería, en el Baix Camp de la provincia de Tarragona. Ocultos en los frondosos bosques que pueblan esta Sierra, se decía que habitaban los DIPS, hombres-perro según las versiones más arrojadas y simples perros, en apariencia, según la más avezada, de tamaño pequeño y color oscuro, con una pata más corta que las demás y uno hábitos alimenticios bastante peculiares caracterizados por una dieta rica en los nutrientes de la hemoglobina. Parece que estos Dips hacían por entonces estragos entre el ganado y a veces entre la población humana, y que después de matar a sus víctimas se limitaban a beberse su sangre hasta quedar saciados. También se dice que en más de una ocasión llegaron a salir de su refugio natural para recorrer las calles del pueblo en busca de su peculiar sustento, y aunque se organizaron batidas con la intención de erradicar tan calamitosa plaga, nunca se llegó a atrapar ni a abatir a ninguno. Más tarde, a finales del s.XIX desaparecieron de la faz de la tierra sin dejar rastro, aunque lo más probable es que desaparecieran del temeroso inconsciente colectivo como tantas otras leyendas rurales a esas alturas de la historia.
Teniendo en consideración que vampiro y hombre lobo no eran entonces conceptos diferentes, podría trazarse un paralelismo entre ambas figuras al referirnos a los dips, y es que, aunque su aspecto era semejante al de los perros, algunas fuentes nos hablan sin tapujos de hombres perro o hombres vampiro que chupaban la sangre a sus víctimas. También podría trazarse una línea para asimilarlo a la popular y contemporanea, aunque geográficamente sea ajena, leyenda de los chupacabras, otro ser mitológico que se dedica a atacar a animales de diferentes especies en zonas ganaderas, agrícolas o rurales.
Tal vez se tratara de una camada en estado salvaje de hábitos potencialmente peligrosos para el hombre y sus animales domesticados. En este caso, sus hábitos alimenticios serían pura literatura oral transmitida con la intención de prevenir acerca de la existencia de un peligro real que no debía caer en el olvido. La verdad es que tampoco he dado con demasiada información al respecto. Existe un libro de Joan Perucho (Historias naturales, Ed. 62), que narra la persecución a un vampiro cansado de su condición, Onofre Dip.

(...)Soy Onofre de Dip, el infortunado ´desclasse´; más comunmente conocido con el nombre terrible que me resisto a escribir(...)

Poco más al respecto después de mis pesquisas. No obstante está claro que la presencia de estas criaturas, o la creencia en ellas, debió ser importante ya que le dan nombre al pueblo: Pratdip, Prat, en catalán Prado; Dip, vampiro. De este modo, Pratdip significa Prado del Dip, o Prado del Vampiro. Además de esta curiosidad etimológica, también existe constancia de esta criatura en el mismo escudo de la localidad, así como el recuerdo de la imagen de la patrona local, Santa Marina, que la mostraba sostenida por un Dip en la ermita dedicada a su figura, destruida, cómo no, en nuestra lamentable Guerra Civil Hasta el momento esta es toda la información que he conseguido recopilar acerca de los Dips. Como siempre, agradeceré eternamente cualquier la aportación de nuevos datos, y que quede claro que lo de eternamente es un decir.

j.m.m.Albiol